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martes, 8 de abril de 2014

Novedades de la Historia: Identifican el lugar exacto de la batalla de Baecula (208 a.C.)


*Representación de la batalla.




Tras largos años de trabajo, un equipo de investigadores españoles de la Universidad de Jaén ha conseguido toda una hazaña arqueológica: identificar el lugar exacto de la batalla de Baecula, librada hace más de 2.000 años entre romanos y cartagineses en la provincia de Jaén. Gracias a un Sistema de Información Geográfica (SIG), los arqueólogos han logrado reconstruir paso a paso la batalla, los avances de las tropas, las escaramuzas cuerpo a cuerpo y la situación de los campamentos de ambos bandos.

"Entonces Escipión da orden a los vencedores de lanzarse sobre el centro de la formación, reparte con Lelio las tropas restantes y le manda rodear la colina por el lado derecho hasta encontrar un camino de subida menos pendiente; él describiendo un pequeño arco por la izquierda, se lanza sobre el flanco enemigo".

De esta forma tan gráfica, el historiador romano Tito Livio describe la estrategia de combate de Publio Cornelio Escipión, el Africano, durante la cruenta batalla de Baecula, librada contra un ejército cartaginés de más de 20.000 hombres comandado por Asdrúbal Barca, hermano del mismísimo Anibal. Estamos en el año 208 Antes de Cristo y esa batalla supone, precisamente, el primer gran enfrentamiento de Escipión contra los cartagineses después de tomar el mando del ejército de Roma en la Península Ibérica. La batalla forma parte de la Segunda Guerra Púnica y resultó clave para el dominio del Mediterráneo hace ya más de 2.200 años.
Gracias a una estrategia envolvente, y a pesar de que el enemigo se había instalado en lo alto de una meseta protegida por dos escarpados riscos en sus flancos y un río en la retaguardia, Escipión logró vencer a Asdrúbal, que tras su derrota no tuvo más remedio que huir al norte, hacia los Pirineos, para desde allí penetrar en las Galias y preparar después un ataque contra Roma. Fue el principio del fin del dominio cartaginés sobre la Península Ibérica.


El lugar de la batalla


Pero, ¿dónde se celebró exactamente esta importante batalla? ¿Y dónde están sus restos? Basándose en las prolijas descripciones de Tito Livio y Polibio se pensaba hasta ahora que el escenario se encontraba muy cerca de Bailén, pero un equipo del Instituto Andaluz de Arqueología Ibérica (CAAI), de la Universidad de Jaén, dirigido por Arturo Ruiz y Juan Pedro Bellón ha conseguido, tras largos años de investigación y la ayuda de las más modernas tecnologías, determinar que el escenario exacto de la batalla fue el Cerro de las Albahacas, en el término municipal de Santo Tomé (Jaen). La revista Archaeology acaba de publicar un extenso artículo sobre la investigación.

Ha sido un esfuerzo titánico. En palabras de Arturo Ruiz, "una labor de detectives que nos ha llevado largos años de búsqueda y para la cual no teníamos más que los textos históricos". Amplias zonas del valle del Guadalquivir tuvieron que ser rastreadas en busca de coincidencias con las descripciones de Tito Livio y Polibio. "Utilizamos incluso Google Maps para buscar las zonas que mejor encajaban con lo que andábamos buscando". Hubo que descartar por lo menos una docena de localizaciones hasta encontrar un lugar (el cerro de las Albahacas) que coincidía punto por punto con las descripciones históricas y que parecía ser el candidato perfecto para ser el tan buscado campo de batalla. Pero había que demostrarlo.

Para completar el estudio, los arqueólogos del CAAI barrieron el cerro (una superficie de 40 hectáreas) durante cinco años más (entre 2006 y 2010) con detectores de metales y referenciaron la posición de cada objeto individual con GPS. Al final de la quinta campaña de prospección, el equipo de la Universidad de Jaén había recopilado 6.123 restos metálicos. Entre ellos, puntas de flecha y de lanza, diversos utensilios y, lo que sería más importante para la investigación posterior, un gran número de las tachuelas metálicas con las que los soldados romanos reforzaban sus sandalias.

Los romanos, en efecto, llevaban remaches de hierro incrustados en las suelas de cuero, para mejorar el agarre y limitar el deterioro del calzado durante las largas marchas. Pero esas pequeñas piezas, llamadas clavi caligarii, se desprendían con facilidad y quedaban sembradas por los campos que el ejército cruzaba. Al no tener un gran valor material, los remaches han permanecido in situ durante largos siglos y han podido ser localizados ahora por los detectores de metales de los arqueólogos. Son precisamente esas pequeñas piezas las que indican la localización de los campamentos, las rutas seguidas por los soldados y, lo que es más importante, los lugares donde tuvieron lugar las batallas.

El equipo tenía ahora una enorme cantidad de material recopilado, y cada una de las piezas encontradas localizada con precisión en un mapa. "Fue entonces, explica Arturo Ruiz cuando tuvimos la idea de recoger toda esa información en un Sistema de Información Geográfica (SIG), lo que nos proporcionó una visión de conjunto que antes no teníamos, y la posibilidad de hacerles preguntas concretas a los datos".

El software elegido fue Geomedia Professional, de Intergraph, compañía que inmediatamente se interesó por el proyecto y prestó todo el apoyo técnico y logístico necesario para su realización. Se creó una completa base de datos con cada una de las piezas debidamente georeferenciada y comenzó la que puede considerarse la fase decisiva de la investigación.

Resultó que la zona con mayor concentración de restos estaba, precisamente, en la parte más alta de la colina, y rodeada, como dicen los antiguos textos, por un ribazo muy abrupto. Era el campamento de Asdrúbal. Segmentando la información en el SIG, los investigadores comprobaron que era precisamente aquí donde se concentraba la mayor parte de los clavos y otros utensilios usados para el montaje de las tiendas.
De la misma forma, los arqueólogos pudieron determinar, a partir del número y la distribución de las tachuelas sobre el terreno, cuáles fueron los movimientos de las tropas romanas durante el ataque, dónde se concentró el grueso del ejército de Escipión e, incluso, dónde tuvieron lugar los combates cuerpo a cuerpo. De pronto, como si se superpusiera una transparencia sobre un mapa, todo coincidía a la perfección y los ecos de la batalla de Baecula, más de 2.200 años después, volvía a resonar en el cerro de las Albahacas.

El equipo de Arturo Ruiz ha podido así reconstruir paso a paso los acontecimientos. Las tachuelas de las sandalias, los dardos, las fíbulas y las bullas revelaron la situación del campamento romano. La cerámica, las monedas y los restos de empalizada del campamento cartaginés, así como el lugar exacto, en lo alto de la colina, al que Asdrúbal trasladó a sus tropas para defenderse de la amenaza. Las tachuelas de las sandalias romanas y su distribución han permitido reconstruir con detalle el avance de las tropas y ponen de relieve la estrategia de "tenaza" utilizada por Escipión el africano para rodear a su enemigo.

El "proyecto Baecula", sin embargo, no está cerrado. "Seguimos trabajando, explica Ruiz, buscando más restos, más datos de campo y profundizando en los pormenores de la batalla. Quedan aún algunos interrogantes por resolver, y mucho trabajo por delante".


Así fue la batalla de Baecula


Los textos históricos recopilados por el equipo de Arturo Ruiz ofrecen un relato apasionante de la batalla de Baecula, una de las más importantes de la Segunda Guerra Púnica. Reproducimos aquí, por su interés, las descripciones de Tito Livio y Polibio sobre el enfrentamiento:

La secuencia de la batalla está bien recogida por Polibio (X 38, 7 a 40) cuando señala: “El general cartaginés recorría entonces los parajes de Castulo, alrededor de la ciudad de Becula, no lejos de sus minas de plata. Informado de la proximidad de los romanos, cambió de lugar su campamento [...]” (Polibio X 38, 7 y 8).

Tito Livio confirma esta información y añade algún dato más “El ejército cartaginés más próximo, el de Asdrúbal, estaba cerca de la ciudad de Baecula. Delante del campamento tenían avanzadillas de caballería; los escaramuceadotes, las tropas de vanguardia y las que iban a la cabeza de la columna, (Se refiere al ejercito romano) sobre la marcha y antes de buscar emplazamiento para el campamento, lanzaron un ataque contra éstas tomándolas tan poco en serio que no había duda sobre cuál era la moral de uno y de otro bando, los jinetes fueron rechazados en una huida atropellada hasta el campamento, y las enseñas romanas llegaron casi hasta las mismas puertas. Aquel día, simplemente se avivó el espíritu de combate y los romanos acamparon” (Tito Livio XXVII 18, 1 a 4).


Cambio de campamento


Seguramente presionado por estas acciones cambio Asdrúbal de campamento a un lugar que según Polibio tenía “[...] un río que fluía a sus espaldas y delante de la empalizada había un llano defendido por un escollo lo suficientemente hondo para ofrecer protección; el llano era tan ancho que cabía en él el ejército cartaginés formado. Asdrúbal permaneció en este sitio; apostó día y noche centinelas en el escollo” (Polibio X 38, 8). Tito Livio lo describe así: “Por la noche, Asdrúbal replegó sus tropas a una altura que tenía una explanada en la parte más alta. Por detrás había un río y por delante y por los lados ceñía todo su contorno una especie de ribazo abrupto. En la parte baja había también otra planicie ligeramente inclinada, rodeada a su vez por un saliente igualmente difícil de escalar. Cuando al día siguiente vio Asdrúbal que el ejército romano estaba formado delante del campamento, hizo bajar a esta planicie inferior a estos jinetes númidas y a los baleares y africanos de armamento ligero” (Tito Livio XXVII 18, 5 a 7).


La batalla


La escenificación de la batalla queda perfectamente recogida en los dos autores. Tito Livio señala: “Escipión recorría sus filas y enseñas y les hacía ver cómo el enemigo, renunciando de antemano a la posibilidad de luchar en campo abierto, buscaba las alturas y estaba allí a la vista confiado en la posición y no en el valor y las armas; pero murallas más altas tenía Cartagena, y los soldados romanos las habían escalado; ni las alturas, ni la ciudadela, ni siquiera el mar habían resistido a sus armas. Las alturas que habían buscado les iban a servir al enemigo para escapar saltando por precipicios y despeñaderos, y él les iba a cortar también la huida por allí” (Tito Livio XXVII 18, 8 y 9).

Polibio opina que Escipión estuvo indeciso por la posición estratégica y segura del enemigo. “Esperó dos días, pero temía la llegada de los hombres de Magón y del otro Asdrúbal, el hijo de Giscón, con lo que se vería rodeado de enemigos. Decidió, pues, probar su suerte y tantear al adversario” (Polibio X 38, 10). Los pasos previos a la batalla se dirigieron a cercar al enemigo e impedirles apoyos, dice Tito Livio que “ordenó a una cohorte ocupar la entrada del valle por donde descendía el río, y a otra apostarse en el camino que llevaba de la ciudad a los campos serpenteando por la colina. Él, al frente de las tropas ligeras que el día anterior (según Tito Livio Escipión no espero dos dias) habían rechazado los puestos avanzados del enemigo, marchó contra los soldados de armamento ligero situados en la plataforma de más abajo (Tito Livio XXVII 18, 10 y 11).

Según Polibio, las tropas de Escipión eran “los vélites y una tropa escogida de infantería; y el general romano dispuso también el resto de sus fuerzas, pero de momento lo retuvo dentro de la acampada” (Polibio X 39, 1 y 2). Dice Tito Livio que “al principio avanzaron por terreno escarpado sin otro impedimento que las dificultades del camino; después, cuando estuvieron a tiro, cayó de pronto sobre ellos una enorme cantidad de armas arrojadizas de todas clases; ellos por su parte lanzaban piedras que el terreno ofrecía por todas partes, casi todas manejables, y no sólo los soldados sino también la masa de siervos mezclados con ellos. Pero a pesar de que el ascenso era dificultoso y casi los cubrían los dardos y las piedras, gracias a su práctica en escalar muros y a su tenacidad subieron los primeros. En cuanto éstos ocuparon un poco de espacio donde mantenerse a pie firme, desalojaron de la posición al enemigo, armado a la ligera y habituado a escaramuzas, combatiente seguro a distancia cuando se elude la batalla desde lejos a base de proyectiles, pero también carente de firmeza en la lucha cuerpo a cuerpo; causándole muchas bajas, lo empujaron hasta la formación que se mantenía en una parte más elevada de la colina” (Tito Livio XXVII 18, 11 a 14).


El ataque final


Polibio detalla que fue entonces cuando “[...] Escipión hizo entrar en combate a su infantería ligera, que debía apoyar a los que iniciaron la acción. El resto de sus fuerzas, lo tenía ya dispuesto, la mitad directamente a sus órdenes; con estos hombres dio un rodeo por el escollo y arremetió contra los cartagineses. El mando de la segunda mitad, lo confió a Lelio, con la orden de marchar contra el flanco derecho del enemigo. Estas operaciones se encontraban ya en pleno desarrollo, cuando Asdrúbal hacía salir todavía a sus hombres del campamento. Confiado en su posición, no se había movido de él, convencido de que el enemigo no se atrevería a atacar. Pero éste atacó, contra todas las previsiones del cartaginés, quien desplegó sus fuerzas demasiado tarde. Los romanos acometieron por las alas, en lugares donde el enemigo no había establecido posiciones, de modo que no sólo treparon sin riesgo por el escollo, sino que se establecieron en formación, se lanzaron contra los que les agredían sesgadamente y los mataron” (Polibio X 39, 3 a 6).

Tito Livio detalla que las fuerzas que avanzaban por el centro “[...] nunca lo habrían conseguido, dado lo accidentado del terreno, si se hubieran mantenido cerradas las filas con los elefantes colocados delante de las enseñas” (Tito Livio XXVII 18, 18 y 19); y termina relatando que “ya ni siquiera había espacio libre para la huida, pues las avanzadas romanas habían ocupado las salidas a la derecha e izquierda y, por otra parte, la puerta del campamento había sido cerrada al huir el general y los oficiales, sumándose a esto el pánico de los elefantes, tan temidos como el enemigo cuando se espantaban. En consecuencia, fueron muertos cerca de ocho mil hombres” (Tito Livio XXVII 18, 20).


La retirada de Asdrúbal


Polibio por su parte añade “según sus propósitos iniciales, Asdrúbal no luchó hasta el final; cuando vio a sus fuerzas huir derrotadas tomó su dinero y sus fieras, reunió el máximo número de fugitivos que le fue posible y se retiró siguiendo el río Tajo aguas arriba, en dirección a los puertos pirenaicos y a los galos que viven allí. Escipión no creyó oportuno acosar de cerca de los hombres de Asdrúbal, ya que él mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros, unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos; a medida que se iban encontrando con Escipión, lo llamaban rey “(Polibio X 39, 7 a 9, 40, 1 y 2).





*ABC


lunes, 5 de agosto de 2013

Catón el Viejo



                                                                *



Marco Porcio Prisco (234 a.C.-149 a.C.) nació en Túsculo, una ciudad del Lacio que dos siglos antes se había convertido en aliada de Roma.

Porcio era un labriego fornido, trabajador y con grandes dotes para la oratoria, debido precisamente a su don de palabra sus paisanos olvidaron su apellido (cognomen) Prisco y comenzaron a llamarle Cato o Catón, que significa “sabio”.

Marco Porcio Catón siendo joven se unió al ejército y en el 209 a.C. participo en la conquista de Tarento, antigua colonia griega en el sur de Italia. Fue entonces cuando entro en contacto con la cultura helénica y mas tarde un vecino suyo Valerio Flaco (muerto en el 180 a.C.), admirado por su austero modo de vida le sugirió trasladarse a Roma con el para iniciarse en la vida publica.

Fue así como Catón emprendió el Cursus Honorum, la carrera de honores típica de los ciudadanos romanos. Tras actuar como abogado en el Foro fue elegido primero tribuno militar y poco después cuestor (pagador del ejército). En el ejercicio de estos dos cargos intervino en la guerra contra Cartago. Fue durante la campaña de África cuando comenzó su enemistad con Escipión el africano (236 a.C.-183 a.C.)

Catón le reprochaba la inmensa cantidad de dinero que gastaba y su perdida de tiempo en las palestras y teatros, a lo que el africano respondía airadamente que contara las victorias no el dinero.

Tras su cuestura, Catón ingreso al senado. En el año 199 a.C. fue elegido edil plebeyo y dos años después fue gobernador en Cerdeña. En estos años se labro una reputación de gobernante honrado, que jamás toco una moneda que perteneciera a la Republica y también obtuvo su gran fama como orador, que le valió el apodo de “Demostenes romano”.


**Templo de Saturno, en el Foro Romano.


Catón era conocido en toda la ciudad por su afición al ahorro, rayana en la tacañería, y su gusto por la comida y el vestido sencillos y sin ostentación. Pero también destaco como hombre de negocios, dedicado a empresas de fletes marítimos y a sus campos de cultivo. Plutarco   en su biografía le reprocha su afición desmedida a hacer una fortuna y el duro trato que dispensaba a los esclavos de su hacienda.

Tras su exitoso gobierno de Cerdeña, en el año 195 a.C. Catón fue elegido para la más alta magistratura romana: el consulado. Su colega en el cargo fue su amigo Valerio Flaco y a continuación a Catón le toco la provincia de Hispania Citerior donde cerca de Ampurias derroto a una coalición de rebeldes y se dice que tomo trescientas localidades enemigas.
 
Su rival Escipion el africano consiguió el gobierno de esa misma provincia tras el y se apresuró a viajar allí para evitar que Catón continuara obteniendo fama con sus victorias. El botín obtenido por Catón fue a íntegramente entregado al erario publico salvo una cuantiosa recompensa que otorgo a sus soldados. 

El en cambio, no tomo nada para si, de hecho a su querido caballo, con el que había conseguido tantas victorias, lo dejo en Hispania para no encarecer el transporte de vuelta a Roma. Una vez en la capital en vez de dedicarse al ocio que su carrera política y militar le aseguraba, decidió volver a empezar y se ofreció como simple oficial o legado a otros generales y gobernadores provinciales. Así acompaño como tribuno militar al cónsul Manio Acilio Glabrion a Grecia a luchar contra Antioco III de Siria (241 a.C.-187 a.C.), quien había invadido la región y soliviantado a las ciudades griegas contra Roma. 
 
Tras contribuir de manera decisiva a la victoria de Acilio en la batalla de las Termopilas en el 191 a.C. liderando personalmente la carga contra la retaguardia griega, Catón regreso a Roma. Así, con 44 años, Catón dio por terminada su carrera militar. Pero no por ello se apagaron sus ambiciones políticas, sino al contrario, su aspiración se dirigió a uno de los cargos más prestigiosos de la Republica, el de censor. Básicamente un sensor era el encargado de elaborar el censo de ciudadanos romanos, decidiendo quien podía ser contado como tal y también quien tenia derecho a ser senador y caballero.
 
Esto le daba potestad para expulsar a quienes no se ajustaban a las virtudes exigidas por dichas órdenes. Los censores se convirtieron así en una especie de policía moral, muy respetada por los romanos.El interés de Catón por este cargo se explica por su decidido propósito de restablecer en Roma lo que el consideraba como la autentica moral romana. Estaba indignado por la influencia que la cultura y las costumbres griegas, que consideraba depravabas y nocivas. Consideraba la higiene personal y la costumbre de afeitarse como una forma de afeminamiento y por ello quiso poner de moda las túnicas de lana raídas y las barbas descuidadas. También lanzo resonantes acusaciones contra destacados miembros de la elite romana. Denuncio a su antiguo jefe militar Acilio Glabrio por haber aceptado sobornos y poco después a Escipión asiático (muerto en el 183 a.C.), hermano del africano, por haber aceptado dinero de Antíoco. Estas actuaciones acrecentaron su popularidad hasta que en el año 184 a.C. fue nombrado censor.
 
Durante el ejercicio de su cargo Catón consiguió revisar las listas de senadores y caballeros, aprobó medidas contra los publicanos (recaudadores de impuestos) a los que el pueblo odiaba por su codicia y decreto duros impuestos sobre las compras de artículos que consideraba de lujo, como vestidos, carruajes o vajillas. Durante años se le vio yendo y viniendo por el Foro, defendiendo causas, apoyando reformas, intentando volver a la supuesta severidad de los antepasados.
 
Pero en su vida personal, no estuvo siempre a la altura de lo que exigía de los demás. Habiendo enviudado de su esposa y teniendo un hijo ya crecido, empezó un romance con una doncella que no solo era mucho mas joven  que el sino que también era la hija de uno de sus libertos, algo poco apropiado para un ex cónsul y ex censor. Cuando la historia se supo en Roma, se tuvo que casar con la muchacha y tuvo un hijo de ella.

Ni siquiera cuando ya era un octogenario, Catón dejo de actuar como autoridad moral ante sus conciudadanos y de advertirles sobre el peligro del contacto con el extranjero. En el año 155 a.C. hizo que expulsaran a los embajadores de Atenas, por la mala influencia que ejercían en la vida romana, según creía el. Al mismo tiempo, con la excusa de apoyar a Masinisa (238 a.C.-148 a.C.), Rey de Numidia, que era aliado de Roma, alerto a sus compatriotas de la amenaza para su seguridad que representaba Cartago, a la que instaba a borrar del mapa. No alcanzo a ver los resultados de sus discursos, pocos meses después de su muerte a los 85 años, Cartago fue destruida implacablemente por el ejercito romano y su perímetro urbano quedo sembrado con sal para que nada volviera a crecer jamás.

Sin embargo, pocas de las medidas apoyadas por Catón para disciplinar a los romanos perduraron, un siglo después en plena crisis de la Republica, su figura de patriota inflexible se recordaba como perteneciente a otra época lejana.

Un hombre de contrastes: se dice que fue un padre de familia ejemplar, ya que su dureza de carácter no se extendía al plano personal, Catón creía en la santidad del matrimonio y criticaba a quienes pegaban a sus esposas e hijos, diciendo que “ponían mano en lo mas sagrado”.

Se preocupo por la crianza de sus hijos, sobre todo del que tuvo de su segunda esposa. Dejaba de lado sus asuntos públicos, incluso los de gran importancia, para estar presente mientras su esposa lavaba y amamantaba al bebe. También se ocupo personalmente de su educación, en lugar de encomendársela a un esclavo, y le enseño las primeras letras, leyes, ejercicios físicos y manejo de armas.

Pese a la derrota de Cartago en la Segunda Guerra Púnica, Catón estaba convencido de que aquella ciudad representaba la peor amenaza a la fecha de Roma y estaba tan obsesionado con esta idea que en el Senado acababa sus discursos sobre cualquier tema siempre con las mismas palabras “y además opino que Cartago debe ser destruida” (delenda est Carthago)






*Wikipedia.
**Imagenes Google.

viernes, 29 de marzo de 2013

SPQR- SENATVS POPVLVSQVE ROMANVS





                     *Imagen moderna de un Vexillum  del Ejercito Romano.







Se trata de la formula solemne utilizada en la Republica Romana para referirse al equilibrio de poderes que la regían: “Senado y pueblo romano”. El imperio la conservo aunque no observara su mensaje.

SENATVS POPVLVSQVE ROMANVS. Es una frase que se reduce a unas bien conocidas siglas SPQR y se traduce al castellano como “El senado y el pueblo romano”. La fórmula y sus siglas son familiares a los conocedores de la historia y la arqueología romanas. Con todas las letras, constituía la forma solemne  para referirse a la Res publica romana y reflejaba el teórico equilibrio de poderes que en ella imperaba. Según historiadores como Salustio (86 a.C.-34 a.C.) o Livio (59 a.C.-17 d.C.), la expresión formaba parte del discurso oficial, interno (en las sesiones del Senado o de las Asambleas, en el encabezamiento de las leyes o decretos de magistrados, etc.) y sobre todo, externo (negociaciones, tratados, declaraciones de guerra, etc.).

La expresión era en realidad, la traducción de una que los griegos utilizaban desde época clásica para referirse a la polis en contextos parecidos: boule kai demos (el consejo y el pueblo). En Roma se empezó a utilizar en los siglos III-II antes de Cristo, conocidos como la “edad de oro”, desde el punto de vista de su armonía político-social. Coincide con el periodo en que, tras conseguir la unificación de Italia, Roma se enfrento a la amenaza cartaginesa primero y a las guerras de expansión mediterránea, después.


Pacto Histórico
 

Esta tensión bélica ante formidables peligros exteriores había llevado al pacto entre la oligarquía que controlaba el Senado (la nobleza) y el pueblo. Salustio lo deja claro: “Antes de la destrucción de Cartago, el Pueblo y el Senado Romano (invierte el orden de los términos) negociaban entre si los asuntos públicos plácida y moderadamente, y no había entre los ciudadanos enfrentamiento no por gloria ni por dominio. El miedo al enemigo mantenía a la ciudadanía en las buenas practicas” Maquiavelo (1469-1527) diría, quince siglos mas tarde algo similar: “Los hombres no hacen nada bueno si no es por necesidad”.

Según Salustio, este equilibrio se resquebrajó “cuando el miedo desapareció de sus mentes”. Primero fue la conmoción provocada por los Gracos (fueron una destacada familia de la Antigua Roma, particularmente desde finales del siglo III a. C. y sobre todo a mediados del siglo II a. C. cuando, desde el cargo de tribunos de la plebe intentaron implantar ambiciosas reformas sociales) y luego las guerras civiles ininterrumpidas durante el siglo I a.C. (91 a.C-30 a.C.) hasta el cambio del régimen republicano por el monárquico con la instauración del Imperio por Augusto (63 a.C.-14 d.C.).




* Un aureus (moneda de oro) con Augusto en el anverso y una victoria alada en el reverso con SPQR arriba.





Y fue entonces cuando mas se empleo la formula SPQR, en un alarde inigualable de ficción política: el Senado había sido domesticado, el pueblo comprado con pan y circo, y la soberanía estaba en manos del ejército. La formula entera fue habitual en las dedicatorias de monumentos conmemorativos (se ve en la columna de Trajano, o los arcos de Tito o Septimio Severo) y las siglas fueron acuñadas en las monedas de la época tardía (la abreviatura se utilizó hasta el reinado de Constantino I el Grande (272 d.C-337 d.C) o utilizadas a modo de sello, en los objetos propiedad del Estado: edificios, enseñas militares, armas, proyectiles, cañerías y hasta en las campanillas utilizadas en las ceremonias del culto al Emperador.



               *Inscripción en el arco del Emperador Tito (39 d.C.-81 d.C.)



    *Inscripción en el arco del Emperador Septimio Severo (146 d.C.-211 d.C.)




Sigue presente



Formula y siglas se mantuvieron en Roma incluso después de la caída del Imperio. Durante la Edad Media, fueron esgrimidas por los partidarios de la autonomía de la ciudad frente al avasallamiento de la nobleza y el papado. Luego, la iglesia las hizo suyas bordándolas en oro en el estandarte púrpura que precedía a las procesiones papales.

Y figuran todavía en el emblema de la ciudad: el escudo apuntado de color púrpura, con corona de oro, las letras doradas SPQR en escalera, encabezadas por una cruz griega, preside cuanto tiene que ver con el municipio: edificios, transportes urbanos, taxis, publicaciones, etc.

En España y Latinoamérica su presencia resulta familiar gracias a las procesiones de Semana Santa y al léxico del mundo de las cofradías. En muchas procesiones pueden verse soldados romanos, llevando uno al frente el estandarte que recuerda una de las habituales enseñas del ejército romano: el Vexilum (se asemeja a las banderas modernas, aunque en su caso la tela cubría verticalmente un travesaño, a diferencia de las banderas que se emplean hoy en día, en las que la tela no lo cubre).




   





                                         *Escudo moderno de Roma.




*Wikipedia